
En México el narcotráfico parece estar comandado por dos poderosos carteles de la droga: el Cartel del Golfo y su brazo armado ”Los Zetas”, así como el Cartel de Sinaloa y su brazo armado ”La familia”.
Estas dos bandas han sido las principales protagonistas de la ola de violencia de los últimos dos años y medio.
Estas dos bandas han sido las principales protagonistas de la ola de violencia de los últimos dos años y medio.
El 20 de abril de 2006 aparecieron en Acapulco las cabezas de dos policías en las hacendarias del gobierno de Guerrero, víctimas de narcotraficantes que dejaron el mensaje: “Para que aprendan a respetar”. Los policías decapitados habían participado apenas tres meses antes en un sonado enfrentamiento en el cual murieron cuatro narcotraficantes. No había antecedente cercano de una ejecución de esa naturaleza. De entonces a la fecha, se han registrado miles de ejecuciones y ha tenido lugar el primer ataque terrorista en la historia reciente de México : las granadas explotadas la noche del 15 de septiembre en Morelia, Michoacán.
En México, como en todas las economías de mercado del mundo, ha existido, existe y existirá narcotráfico para abastecer una demanda que está dispuesta a pagar los altos precios de un mercado ilegal. Ningún Estado, incluso el poderoso gobierno norteamericano, ha podido eliminar el narcotráfico, como no pudo tampoco eliminar el tráfico de alcohol, que genero la famosa mafia que a tantas películas hollywoodenses ha inspirado.
Es decir, el mercado ha mostrado ser más poderoso que el estado. Tan poderoso que hizo caer al invencible Estado Soviético y todos sus estados aliados en Europa del Este, tan poderoso que ha minado a la Revolución Cubana, tan poderoso que hoy la China Comunista de Mao Tse Tung es un gran mercado y sus productos ganan cada ves mas mercado en occidente.
Pero el problema no es la debilidad del estado frente al mercado, incluido el mercado ilegal de las drogas. Sólo recordemos que en los países que conforman el Grupo de los Siete( Alemania, Canadá, Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Estados Unidos) ha existido y existe narcotráfico. El problema es que el Estado es tan débil que no puede enfrentar los delitos que se generan alrededor del narcotráfico y que tanto afectan la percepción sobre la seguridad de los ciudadanos: homicidios cruentos, balaceras callejeras, secuestros, venta de seguridad, y otros similares.
Este es el caso del estado mexicano. Un estado que se muestra débil frente a las bandas de narcotraficantes, tan débil que no puede garantizar ni la seguridad ciudadana en los festejos patrios.
¿Cómo llegamos a esta situación?. Parecería que es un fenómeno de generación espontánea pero evidentemente esto no es así. Es un fenómeno que tiene varios factores explicativos y que se ha gestado a lo largo de varios años. Estos factores son unos de coyuntura y otros estructurales.
Respecto a lo estructural, baste mencionar que el Estado Mexicano no tiene una ley federal específica para combatir al que se considera el principal problema del país.
El narcotráfico comprende la comisión de distintos actos delictivos cuyo tratamiento está disperso en diferentes ordenamientos jurídicos; como:
• Ley federal para el control de precursores químicos, productos químicos esenciales y máquinas para elaborar cápsulas, tabletas y/o comprimidos.Pero el problema no es la debilidad del estado frente al mercado, incluido el mercado ilegal de las drogas. Sólo recordemos que en los países que conforman el Grupo de los Siete( Alemania, Canadá, Francia, Inglaterra, Italia, Japón y Estados Unidos) ha existido y existe narcotráfico. El problema es que el Estado es tan débil que no puede enfrentar los delitos que se generan alrededor del narcotráfico y que tanto afectan la percepción sobre la seguridad de los ciudadanos: homicidios cruentos, balaceras callejeras, secuestros, venta de seguridad, y otros similares.
Este es el caso del estado mexicano. Un estado que se muestra débil frente a las bandas de narcotraficantes, tan débil que no puede garantizar ni la seguridad ciudadana en los festejos patrios.
¿Cómo llegamos a esta situación?. Parecería que es un fenómeno de generación espontánea pero evidentemente esto no es así. Es un fenómeno que tiene varios factores explicativos y que se ha gestado a lo largo de varios años. Estos factores son unos de coyuntura y otros estructurales.
Respecto a lo estructural, baste mencionar que el Estado Mexicano no tiene una ley federal específica para combatir al que se considera el principal problema del país.
El narcotráfico comprende la comisión de distintos actos delictivos cuyo tratamiento está disperso en diferentes ordenamientos jurídicos; como:
• Ley Federal contra la Delincuencia Organizada.
• Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos
• Ley general de la Salud
• Título Séptimo del Código Penal Federal en materia de fuero común, delitos contra la Salud Capítulo I De la producción , tenencia, tráfico, proselitismo y otros actos en materia de narcóticos.
Esta dispersión del marco jurídico para la persecución del delito, le resta capacidad de acción al Estado Mexicano, lo cual contrasta con la flexibilidad que caracteriza al narcotráfico. Un video producido por los propios delincuentes y que se difundió en TV Azteca pone en evidencia los mecanismos de ajuste de cuentas que ponen en marcha los narcotraficantes para resolver sus problemas y operar eficientemente.
Pero hay factores de coyuntura que son igualmente importantes y podemos destacar los siguientes: el cambio en la estructura y dinámica de la demanda de narcóticos; la corrupción de altos niveles de los cuerpos de seguridad nacional; cambios socioculturales; y los cambios sociopolíticos recientes en México.
Hasta finales del siglo XX el mercado norteamericano era el principal destino de la producción sudamericana de coca, amapola y marihuana. México, además de producir amapola y marihuana ha servido como puerta de entrada al mercado de Estados Unidos. En los últimos años han surgido las llamadas drogas sintéticas, circunstancia que ha provocado una reducción en la demanda norteamericana de la producción sudamericana, que ha buscado abrir y consolidar mercados locales en distintas regiones del país. La búsqueda de estos mercados locales no ha sido con acuerdos de distribución entre las distintas bandas, ha sido a sangre y fuego.
Evidentemente estos nuevos mercados han surgido por la gestión de importantes cambios socioculturales en la población mexicana. La Encuesta Nacional de Adicciones elaborada por primera vez en 2002 registró que la población de entre 12 y 65 años que habían consumido alguna droga, sin incluir tabaco y alcohol, sumaba un total de 3.5 millones de personas en la misma situación es decir, cerca de 29 % más en sólo seis años, según Mónica Arriola del periódico La Crónica de Hoy.
Finalmente, es importante destacar que el poder de fuego y el poder financiero de las bandas de narcotraficantes ha aumentado notablemente en los últimos años, fenómeno que es ineludible asociar a capacidad para corromper a los cuerpos de seguridad en los mas altos niveles. El caso más significativo es del General de división Jesús Gutiérrez Rebollo, ex comisionado del desaparecido Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, detenido en 1997 por vínculos con el fallecido Amado Carrillo Fuentes, Fundador del Cártel de Juárez.
Respecto al incremento en el poder de fuego de los narcotraficantes, J. Jesús Esquivel, de la revista electrónica “Espacio Libre”, refiere las declaraciones de Dewey Webb, jefe del Buró de Alcohol, Tabaco, Armas de fuego y Explosivos(ATF, por sus siglas en inglés) en la división de Houston, Texas, en los siguientes términos:De acuerdo con el ATF, el equip
o bélico favorito de los narcotraficantes mexicanos son los rifles de asalto AK-47, la pistola FM 57(bautizada por los criminales mexicanos como la “matapolicias”), el lanzacohetes RPG-22 el lanzagranadas M72-A3, los morteros de 40 milímetros y las subametralladoras -90 1Hemos visto el cambio en las perspectivas del tráfico de armas a México, que ha sido de armas pequeñas a las de tipo militar, que son las armas de asalto….
Ha sido una idea popular de siempre que el poder es corrompible. Nuestros padres y nuestros abuelos cuentan historias de la corrupción de los políticos, de la policía, de los ministerios públicos, de los jueces, pero parece ser que esto se multiplicó en los últimos años, y éste fenómeno será el motivo de los análisis políticos, pero aventuramos la hipótesis de que el cambio de régimen que viene viviendo México, a partir del gobierno de Ernesto Zedillo, es una de las causas de esta mayor capacidad que tienen las bandas para corromper al poder.
La idea es que durante la época del régimen presidencialista, época durante la cual el Presidente de la República era omnipresente y omnipotente, los temas importantes eran decididos por el presidente en turno, incluida la posibilidad de poner y quitar gobernadores. Hoy, con la alternancia en el poder, con la desaparición del poder presidencial centralizado, han surgido 32 centros de poder estatal y varias decenas de centros de poder municipal que son potencialmente mas susceptibles de ser sometidos al interés del crimen organizado, mientras que el poder de las bandas de narcotráfico se ha concentrado en dos o traes poderosos grupos. Luis Rubio, investigador para el desarrollo, comenta lo siguiente:
El país vive una extraña mezcla de formas viejas de ser con nuevas realidades en todos los ámbitos. La mezcla no es muy feliz. En el ámbito de la seguridad, la descentralización del poder ha llevado a la feudalización del país y, con ello, al crecimiento del crimen organizado. La descentralización es deseable y factor indispensable de una mejor distribución del poder, pero el resultado ha sido atroz….
Éste fue un importante llamado de atención para toda la sociedad, para los políticos y para sus partidos: un desafía al Estado en su conjunto. En el mejor de los casos, los narcos están aprovechando las rencillas y mezquindades entre políticos; en el peor. Le están declarando la guerra a la sociedad. Mientras más tardemos en aceptar este hecho, más difícil será comenzar a enfocar la salida. El país tiene que enfrentar al crimen organizado , pero también tiene que hacer, de hecho comenzar, su verdadera transición. Y ambos van de la mano. 2
En este contexto, ¿Con gobernadores que aspiran a ser presidentes de la república, con alcaldes que quieren ser gobernadores, con diputados que quieren ser alcaldes o senadores; en suma , con políticos que gobiernan en función de sus aspiraciones y que requieren de cuantiosos recursos para financiar sus próximas campañas políticas, podrá lograr el Estado conseguir la fuerza necesaria para superar la actual crisis de violencia asociada al narcotráfico?. En este contexto ¿Será suficiente la estrategia emprendida por Felipe calderón? ¿Es correcto meter al ejército a esta batalla o terminaremos con un ejercito igualmente corrompido por el narcotráfico?¿Corremos el riesgo de pasar de un estado débil a una Narcoestado?
México en las últimas décadas:
En las décadas de los 80 y 90, México fue uno de los mayores compradores y consumidores de cocaína colombiana, siendo Cancún y Guerrero las ciudades que más importaban esta droga, pues en aquellos años se gestaba una gran producción, siendo dominador internacional de dicho negocio ilícito. Sin embargo, al paso de los años México fue ocupando dicho lugar, pues aunque los brotes de violencia causados por el narcotráfico habían disminuido desde el arresto en 1989 de Miguel Ángel Félix Gallardo, quien controlaba el comercio de la cocaína en nuestro país, a partir del 2000 las guerras entre cárteles rivales se hicieron mucho mas patentes.

La prohibición de efedrina y pseudoefedrina:
Muchas drogas son transportadas hacia México por los carteles a través de la frontera sureña, sin embargo, la efedrina y pseudoefedrina, sustancias farmacéuticas cuyas propiedades permiten transformarlas en anfetaminas por medio de procesos caseros sin mayor dificultad, llegaban fácilmente al dominio de los traficantes, pues siendo productos legales debido a su venta como fármacos, hacían acuerdos con laboratorios de farmacias para poder comerciarla como una droga. Esto produjo que en el 2007 la efedrina y pseudoefedrina, así como los medicamentos que las constituían, salieran del mercado farmacéutico y se prohibiera su venta, no obstante, esta sigue llegando, ilegalmente claro esta, desde países centroamericanos.
drogas ha pues no solo conduce a la destrucción mental del individuo que las consume, sino que ello también conlleva a la desintegración familiar.
Durante el periodo del presidente Fox, el se animaba diciendo que la guerra contra el narcotràfico era una batalla librada. La realidad es lo contrario, datos revelan que durante el sexenio pasado el la venta cocaìna en Estados Unidos era provista el 72% de Mèxico, el año pasado las ventas de cocaìna aumentaron al 92%. Segùn la DEA de Estados Unidos, las ganancias de los narcotraficantes es aproximada a 65 millones de dòlares.
Los reportes de la PGR en ese periodo presidencial, afirmò que se habìan capturado a 50 mil traficantes y a 15 lìderes.
Segùn los reportes de la DEA, estos hechos no han afectado a los carteles, pues unos, como el de Juarez y el de Sinaloa se han fortalecido, otros se han mudado a otras partes del paìs o se han aliado con otros mas.
Resulta que Mèxico estaba consciente de estos hechos pero nunca actuaron para evitarlo.
Algo tambien lamentable es que este trabajo es muy bien pagado.
En la disputa por controlar Nuevo Laredo y otras ciudades de la frontera chica, existe un dato que ha pasado desapercibido en las de ejecuciones de este año: según la DEA, el su
r de Texas es actualmente el principal centro de distribución de drogas en Estados Unidos, e incluso el año pasado se decomisaron 25 toneladas de cocaína en la región, cantidad similar a las confiscadas en todo México durante el mismo lapso. Y la entrada fue, principalmente, Nuevo Laredo.
La guerra contra el narcotráfico
Se le conoce como Guerra contra el narcotráfico en México al conflicto armado que se desarrolla actualmente entre los principales cárteles mexicano
s de tráfico de drogas ilícitas y las fuerzas armadas de México.
Las confrontaciones entre cárteles rivales empezaron de lleno después del arresto de Miguel Ángel Félix Gallardo en 1989, quien controlaba el negocio de la cocaína en México. Hubo una disminución en la intensidad de la violencia durante el final de la década de 1990 pero la violencia ha empeorado de manera consistente desde el año 2000. El ex presidente Vicente Fox envió durante su mandato pequeños números de tropas a Nuevo Laredo, en la frontera de México con Estados Unidos, para pelear contra los cárteles; pero la incursión probó ser infructuosa.
En 2005 hubo un aumento de la violencia al tratarse de establecer un cártel en Michoacán. En 2006 cerca de 500 personas fueron asesinadas en Michoacán como resultado de disputas por el control del territorio libradas entre cárteles rivales. Se estima que cerca de 110 personas murieron en Nuevo Laredo, tan sólo durante el lapso de agosto a septiembre de 2005, como resultado de los enfrentamientos entre los cárteles del Golfo y Sinaloa.
Se ha reportado que los cárteles usan armas como metralletas de alto poder, bazookas e incluso granadas de fragmentación. Tanto autoridades estadounidenses como mexicanas reconocen que México es la ruta principal por la que transita la cocaína y otras drogas que tie
nen como destino Estados Unidos, y que Colombia es donde crecen la mayoría de las plantas de coca para ser éstas procesadas y enviadas a México a través de Centroamérica.
El 12 de diciembre de 2006, por órdenes del presidente Felipe Calderón, fueron despachadas 6,500 tropas a Michoacán para retomar el territorio controlado por los distintos cárteles. El ejército mexicano está usando puntos de revisión, vehículos armados y blindados, helicópteros armados y navíos en su operativo, denominado Operativo Conjunto Michoacán. La ofensiva militar realizada por Calderón ha sido la más grande desde inicios del conflicto.
Visión acerca del narcotráfico y los cárteles
Se dice que México no es un país beligerante, que no tendrá, ni tiene, discordia armada alguna con las naciones restantes. La sentencia anterior resulta inclusive cínica, si tomamos en cuenta que la guerra existe ya, en la casi guerra civil que día a día se libra entre Estado y cárteles del narcotráfico.
Es un problema social que trasciende más allá del evento del cambio actitudinal-político-opresor social, y por ende, se conforma como un hecho álgido en la Historia. Decimos que va más allá de la mera problemática social, pues afecta, abarca y envuelve a sectores comunitarios, continuos e individuales que acaban por determinar tantas cosas en el curso de un país. Acaso el interés del narcotráfico no radica —como mucha gente piensa— en el control y dominio absoluto del Estado mayor mexicano, sino en el dominio propio, exento, de afluentes judiciales, de su propia economía cerrada.
El peligro mismo de la guerra contra el narcotráfico radica en la pelea interna que tienen ya los carteles entre sí. El Estado lidia no sólo contra una amenaza inminente, sino contra el dilema de la autodestrucción entre sistemas segregados del orden social típico. Es por ello, que el tiempo de especulación ha pasado, sólo le queda al Estado apagar estos brotes que cada día abarcan más, y poco retroceden. Aún así, no es cuestión única de una reprimenda armada la que culmine con el cáncer de nuestro país. La cuestión pasa por los pilares sociales que sirven —manipulados para bien o para mal desde las cabezas del Estado— para dictaminar nuestra educación, seguridad e información. Una dirigencia perfecta en contra del narcotráfico —existente ya, salvo por los equívocos o magros servicios que presta continuamente— sería la que no sólo aplacara, sino también reformara la sociedad básica, y más aún, restituyera la filosofía de las posibilidades sociales. Teniendo posibilidades de un cambio y flujo social vertical, se reducen en mayor escala los índices de narcotráfico. No obstante, el problema tiene una raíz más arraigada, que se refiere a la naturaleza misma de la función y actitud de un cártel:
Un cártel funge como familia única, regido por leyes moralinas de lealtad y unión acatada contra cualquier vicisitud enemiga o contraria. Son entes de redes coludidas, secretas, infiltradas de a veces, pero en general propietarias de pueblos y comunidades —generalmente rurales— enteras, de difícil seguimiento y peor control. Se necesita un sistema de investigación policial-judicial intenso, total, óptimo, para desbaratar cada una de las cédulas, por más siniestras que resulten a ojos especulativos.
El cártel percibe ese caos social como benefactor, promotor acaso, de su comercio ilícito. Presumiblemente, no busca la destrucción, pero es sabido por la Historia que el caos conlleva una subida —en ciertos sectores— de la economía referida al combate y la guerra. Propicia su comercio un estado de sitio y temor conveniente a la inherente naturaleza de los cárteles. Nunca culminan sus integrantes, pues los soldados, casi suicidas, que utiliza, son los mismos pobladores de los lugares donde esconden las células. Para la adolescencia desamparada, la imagen del cártel representa una inocua invitación al poder, a la ganancia que nunca la pobreza otorgará, y es entonces sumamente sencillo caer en las redes delincuentes. Una vez que se entra a ellas, será imposible salir por la mano blanca, siempre habrá derrame de sangre, incluido en el sistema subyugante: terror para ofuscar un comercio igual de terrorífico, terror para no liberar a los adeptos, tan bien iniciados en los secretos claves del cártel.
En suma, desarmar un cártel puede ser viable, siempre y cuando se conozca el enigma que envuelve sus infinitas redes: capturar a sus líderes —apartados de la vida corrosiva y asesina generalmente— no es tarea vana. Ellos poseen los caudales obtenidos de su inventivo comercio, ellos guardan las relaciones más profundas con sus mismos perseguidores. No será de extrañar por tanto, la conjunción corrupta del cártel con sectores del Estado, y eso es consecuencia de la corrupción histórica con que obtiene nuestra sociedad el cambio ansiado: vías análogas, execrables, pero satisfacientes.
Fuentes:
Cedillo Juan Alberto, los nazis en México, México, editorial debate, primera edición, 2007 pp. 43-45
http://www.jornada.unam.mx/2005/07/24/mas-najar.html 23 de abril, 2009. Alberto Nàjar
Esquivel Jesús J. “De las pistolas a las armas de asalto”. Espacio Libre, http://www.expresiónlibre.org/site2/nacional/noti)
Ha sido una idea popular de siempre que el poder es corrompible. Nuestros padres y nuestros abuelos cuentan historias de la corrupción de los políticos, de la policía, de los ministerios públicos, de los jueces, pero parece ser que esto se multiplicó en los últimos años, y éste fenómeno será el motivo de los análisis políticos, pero aventuramos la hipótesis de que el cambio de régimen que viene viviendo México, a partir del gobierno de Ernesto Zedillo, es una de las causas de esta mayor capacidad que tienen las bandas para corromper al poder.
La idea es que durante la época del régimen presidencialista, época durante la cual el Presidente de la República era omnipresente y omnipotente, los temas importantes eran decididos por el presidente en turno, incluida la posibilidad de poner y quitar gobernadores. Hoy, con la alternancia en el poder, con la desaparición del poder presidencial centralizado, han surgido 32 centros de poder estatal y varias decenas de centros de poder municipal que son potencialmente mas susceptibles de ser sometidos al interés del crimen organizado, mientras que el poder de las bandas de narcotráfico se ha concentrado en dos o traes poderosos grupos. Luis Rubio, investigador para el desarrollo, comenta lo siguiente:
El país vive una extraña mezcla de formas viejas de ser con nuevas realidades en todos los ámbitos. La mezcla no es muy feliz. En el ámbito de la seguridad, la descentralización del poder ha llevado a la feudalización del país y, con ello, al crecimiento del crimen organizado. La descentralización es deseable y factor indispensable de una mejor distribución del poder, pero el resultado ha sido atroz….
Éste fue un importante llamado de atención para toda la sociedad, para los políticos y para sus partidos: un desafía al Estado en su conjunto. En el mejor de los casos, los narcos están aprovechando las rencillas y mezquindades entre políticos; en el peor. Le están declarando la guerra a la sociedad. Mientras más tardemos en aceptar este hecho, más difícil será comenzar a enfocar la salida. El país tiene que enfrentar al crimen organizado , pero también tiene que hacer, de hecho comenzar, su verdadera transición. Y ambos van de la mano. 2
En este contexto, ¿Con gobernadores que aspiran a ser presidentes de la república, con alcaldes que quieren ser gobernadores, con diputados que quieren ser alcaldes o senadores; en suma , con políticos que gobiernan en función de sus aspiraciones y que requieren de cuantiosos recursos para financiar sus próximas campañas políticas, podrá lograr el Estado conseguir la fuerza necesaria para superar la actual crisis de violencia asociada al narcotráfico?. En este contexto ¿Será suficiente la estrategia emprendida por Felipe calderón? ¿Es correcto meter al ejército a esta batalla o terminaremos con un ejercito igualmente corrompido por el narcotráfico?¿Corremos el riesgo de pasar de un estado débil a una Narcoestado?
México en las últimas décadas:

En las décadas de los 80 y 90, México fue uno de los mayores compradores y consumidores de cocaína colombiana, siendo Cancún y Guerrero las ciudades que más importaban esta droga, pues en aquellos años se gestaba una gran producción, siendo dominador internacional de dicho negocio ilícito. Sin embargo, al paso de los años México fue ocupando dicho lugar, pues aunque los brotes de violencia causados por el narcotráfico habían disminuido desde el arresto en 1989 de Miguel Ángel Félix Gallardo, quien controlaba el comercio de la cocaína en nuestro país, a partir del 2000 las guerras entre cárteles rivales se hicieron mucho mas patentes.

La prohibición de efedrina y pseudoefedrina:
Muchas drogas son transportadas hacia México por los carteles a través de la frontera sureña, sin embargo, la efedrina y pseudoefedrina, sustancias farmacéuticas cuyas propiedades permiten transformarlas en anfetaminas por medio de procesos caseros sin mayor dificultad, llegaban fácilmente al dominio de los traficantes, pues siendo productos legales debido a su venta como fármacos, hacían acuerdos con laboratorios de farmacias para poder comerciarla como una droga. Esto produjo que en el 2007 la efedrina y pseudoefedrina, así como los medicamentos que las constituían, salieran del mercado farmacéutico y se prohibiera su venta, no obstante, esta sigue llegando, ilegalmente claro esta, desde países centroamericanos.
drogas ha pues no solo conduce a la destrucción mental del individuo que las consume, sino que ello también conlleva a la desintegración familiar.
Durante el periodo del presidente Fox, el se animaba diciendo que la guerra contra el narcotràfico era una batalla librada. La realidad es lo contrario, datos revelan que durante el sexenio pasado el la venta cocaìna en Estados Unidos era provista el 72% de Mèxico, el año pasado las ventas de cocaìna aumentaron al 92%. Segùn la DEA de Estados Unidos, las ganancias de los narcotraficantes es aproximada a 65 millones de dòlares.
Los reportes de la PGR en ese periodo presidencial, afirmò que se habìan capturado a 50 mil traficantes y a 15 lìderes.
Segùn los reportes de la DEA, estos hechos no han afectado a los carteles, pues unos, como el de Juarez y el de Sinaloa se han fortalecido, otros se han mudado a otras partes del paìs o se han aliado con otros mas.
Resulta que Mèxico estaba consciente de estos hechos pero nunca actuaron para evitarlo.
Algo tambien lamentable es que este trabajo es muy bien pagado.
En la disputa por controlar Nuevo Laredo y otras ciudades de la frontera chica, existe un dato que ha pasado desapercibido en las de ejecuciones de este año: según la DEA, el su
r de Texas es actualmente el principal centro de distribución de drogas en Estados Unidos, e incluso el año pasado se decomisaron 25 toneladas de cocaína en la región, cantidad similar a las confiscadas en todo México durante el mismo lapso. Y la entrada fue, principalmente, Nuevo Laredo.La guerra contra el narcotráfico
Se le conoce como Guerra contra el narcotráfico en México al conflicto armado que se desarrolla actualmente entre los principales cárteles mexicano
s de tráfico de drogas ilícitas y las fuerzas armadas de México.Las confrontaciones entre cárteles rivales empezaron de lleno después del arresto de Miguel Ángel Félix Gallardo en 1989, quien controlaba el negocio de la cocaína en México. Hubo una disminución en la intensidad de la violencia durante el final de la década de 1990 pero la violencia ha empeorado de manera consistente desde el año 2000. El ex presidente Vicente Fox envió durante su mandato pequeños números de tropas a Nuevo Laredo, en la frontera de México con Estados Unidos, para pelear contra los cárteles; pero la incursión probó ser infructuosa.
En 2005 hubo un aumento de la violencia al tratarse de establecer un cártel en Michoacán. En 2006 cerca de 500 personas fueron asesinadas en Michoacán como resultado de disputas por el control del territorio libradas entre cárteles rivales. Se estima que cerca de 110 personas murieron en Nuevo Laredo, tan sólo durante el lapso de agosto a septiembre de 2005, como resultado de los enfrentamientos entre los cárteles del Golfo y Sinaloa.
Se ha reportado que los cárteles usan armas como metralletas de alto poder, bazookas e incluso granadas de fragmentación. Tanto autoridades estadounidenses como mexicanas reconocen que México es la ruta principal por la que transita la cocaína y otras drogas que tie
nen como destino Estados Unidos, y que Colombia es donde crecen la mayoría de las plantas de coca para ser éstas procesadas y enviadas a México a través de Centroamérica.El 12 de diciembre de 2006, por órdenes del presidente Felipe Calderón, fueron despachadas 6,500 tropas a Michoacán para retomar el territorio controlado por los distintos cárteles. El ejército mexicano está usando puntos de revisión, vehículos armados y blindados, helicópteros armados y navíos en su operativo, denominado Operativo Conjunto Michoacán. La ofensiva militar realizada por Calderón ha sido la más grande desde inicios del conflicto.
Visión acerca del narcotráfico y los cárteles
Se dice que México no es un país beligerante, que no tendrá, ni tiene, discordia armada alguna con las naciones restantes. La sentencia anterior resulta inclusive cínica, si tomamos en cuenta que la guerra existe ya, en la casi guerra civil que día a día se libra entre Estado y cárteles del narcotráfico.
Es un problema social que trasciende más allá del evento del cambio actitudinal-político-opresor social, y por ende, se conforma como un hecho álgido en la Historia. Decimos que va más allá de la mera problemática social, pues afecta, abarca y envuelve a sectores comunitarios, continuos e individuales que acaban por determinar tantas cosas en el curso de un país. Acaso el interés del narcotráfico no radica —como mucha gente piensa— en el control y dominio absoluto del Estado mayor mexicano, sino en el dominio propio, exento, de afluentes judiciales, de su propia economía cerrada.
El peligro mismo de la guerra contra el narcotráfico radica en la pelea interna que tienen ya los carteles entre sí. El Estado lidia no sólo contra una amenaza inminente, sino contra el dilema de la autodestrucción entre sistemas segregados del orden social típico. Es por ello, que el tiempo de especulación ha pasado, sólo le queda al Estado apagar estos brotes que cada día abarcan más, y poco retroceden. Aún así, no es cuestión única de una reprimenda armada la que culmine con el cáncer de nuestro país. La cuestión pasa por los pilares sociales que sirven —manipulados para bien o para mal desde las cabezas del Estado— para dictaminar nuestra educación, seguridad e información. Una dirigencia perfecta en contra del narcotráfico —existente ya, salvo por los equívocos o magros servicios que presta continuamente— sería la que no sólo aplacara, sino también reformara la sociedad básica, y más aún, restituyera la filosofía de las posibilidades sociales. Teniendo posibilidades de un cambio y flujo social vertical, se reducen en mayor escala los índices de narcotráfico. No obstante, el problema tiene una raíz más arraigada, que se refiere a la naturaleza misma de la función y actitud de un cártel:

Un cártel funge como familia única, regido por leyes moralinas de lealtad y unión acatada contra cualquier vicisitud enemiga o contraria. Son entes de redes coludidas, secretas, infiltradas de a veces, pero en general propietarias de pueblos y comunidades —generalmente rurales— enteras, de difícil seguimiento y peor control. Se necesita un sistema de investigación policial-judicial intenso, total, óptimo, para desbaratar cada una de las cédulas, por más siniestras que resulten a ojos especulativos.
El cártel percibe ese caos social como benefactor, promotor acaso, de su comercio ilícito. Presumiblemente, no busca la destrucción, pero es sabido por la Historia que el caos conlleva una subida —en ciertos sectores— de la economía referida al combate y la guerra. Propicia su comercio un estado de sitio y temor conveniente a la inherente naturaleza de los cárteles. Nunca culminan sus integrantes, pues los soldados, casi suicidas, que utiliza, son los mismos pobladores de los lugares donde esconden las células. Para la adolescencia desamparada, la imagen del cártel representa una inocua invitación al poder, a la ganancia que nunca la pobreza otorgará, y es entonces sumamente sencillo caer en las redes delincuentes. Una vez que se entra a ellas, será imposible salir por la mano blanca, siempre habrá derrame de sangre, incluido en el sistema subyugante: terror para ofuscar un comercio igual de terrorífico, terror para no liberar a los adeptos, tan bien iniciados en los secretos claves del cártel.
En suma, desarmar un cártel puede ser viable, siempre y cuando se conozca el enigma que envuelve sus infinitas redes: capturar a sus líderes —apartados de la vida corrosiva y asesina generalmente— no es tarea vana. Ellos poseen los caudales obtenidos de su inventivo comercio, ellos guardan las relaciones más profundas con sus mismos perseguidores. No será de extrañar por tanto, la conjunción corrupta del cártel con sectores del Estado, y eso es consecuencia de la corrupción histórica con que obtiene nuestra sociedad el cambio ansiado: vías análogas, execrables, pero satisfacientes.
Fuentes:
Cedillo Juan Alberto, los nazis en México, México, editorial debate, primera edición, 2007 pp. 43-45
http://www.jornada.unam.mx/2005/07/24/mas-najar.html 23 de abril, 2009. Alberto Nàjar
Esquivel Jesús J. “De las pistolas a las armas de asalto”. Espacio Libre, http://www.expresiónlibre.org/site2/nacional/noti)
Rubio Luis, “¿Transición?”, Centro de Investigación para el desarrollo, A.C., http//www.cidac.org7cidac_nuke/modules.php?name=article&sid=3809, (consultado el 5 de octubre de 2008)

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